Faulkner pintó como nadie su conflictivo país sureño

William Faulkner, al recibir el Premio Nóbel de Literatura en 1949, dio el salto definitivo hacia la consagración mundial. El galardón reconocía, por fin, el impacto que este escritor estadounidense causó en el público de su tiempo que, boquiabierto, admiraba las novelas de una de las mayores voces de la literatura en lengua inglesa.
Lo curioso está en que Faulkner (nacido el 25 de septiembre de 1897 en New Albanny, Misissippi), no era muy apreciado en el inicio de su carrera literaria. Su primera obra, “The Marble Faun” (1924, El fauno de mármol, una colección de juveniles poemas campestres), pasó inadvertida. Antes de esto, Faulkner deambulaba por la vida insatisfecho, con una juventud marcada por la búsqueda del riesgo y plagada de contradicciones. Por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, se negó a alistarse en el Ejército de su país, pero luego se alistó en la Fuerza Aérea de Canadá, aunque no llegó a entrar en combate. Luego de la Guerra, Faulkner ingresó a la Universidad de Misissippi, en Oxford, donde permaneció varios años, sin destacarse en lo absoluto. Luego de publicar su libro de poemas, se trasladó a Nueva Orléans, donde ejerció el periodismo y publicó su primera novela: “Soldier´s Pay” (1925, La paga del soldado), que tampoco tuvo eco en la crítica. El éxito llegó cuando Faulkner cambió su estilo de narración y publicó su alucinante “Sartoris” (1929), obra con la que inició su ciclo narrativo ambientado en el imaginario condado de Yoknapatawpha, sitio en donde situaría la mayor parte de sus siguientes narraciones. Su profundo amor e identificación son su Sur natal (lo que se llama el “Deep South”, sur profundo en inglés) se convirtieron en las dos constantes de la vida y la obra de Faulkner. Aunque la crítica se inclinó ante “Sartoris” y otros títulos fundamentales, Faulkner solo pudo saborear el reconocimiento popular con “Sanctuary” (1931, Santuario), considerada por André Malraux como incursión de la tragedia griega en la novela policíaca. William Faulkner murió en Oxford, el 6 de julio de 1962.

El escritor y su medio

– El verdadero nombre de Faulkner era William Cuthbert Falkner, pero lo cambió a William Faulkner en su juventud.

– Faulkner provenía de una arruinada familia acaudala del sur de los Estados Unidos. Sus padres le presionaban para que estudiara una carrera, pero Faulkner siempre se consideró un autodidacto.

– Otros libros de la etapa de máximo explendor de Faulkner (el tema: el sur decadente luego de su derrota en la Guerra de Secesión) son “The Sound of the Fury” (1929, El sonido de la furia), As I Lay Dying (1930, Mientras agonizo), “Absalom, Absalom” (1936) y “Requiem for a Nun” (1951, Réquiem por una monja).

–  Faulkner ganó el Premio Pulitzer en 1962, el año de su muerte, por su obra “The Reivers” (Los rateros).

– Pese a la fama, necesidades de supervivencia obligaron a Faulkner a escribir guiones de cine para Hollywood.

Yoknapatawpha

Así como Gabriel García Márquez creó el pueblo de Macondo como escenario para el realismo mágico, Faulkner creó un condado sureño para situar sus narraciones de exasperada violencia: Yoknapatawpha.

Este condado, que tiene por supuesta capital a Johnson, no es otra que el entrañable y auténtico Oxford, telón de fondo para las historias de pasión, erotismo intenso y odio que consagraron a Faulkner como uno de los mejores narradores del siglo.

Al tema del Sur estadounidense, Faulkner agregó un particular arsenal poético, muy íntimo, que le otorgó al escritor la fama de oscuro, hermético y, a ratos, impenetrable.

Una de las claves en la obra de Faulkner fue la utilización de un lenguaje que, a fuerza de precisión, termina por convertirse en un vehículo de una narración que tiene el sabor de pesadilla. Y eso era Yoknapatawpha, una pesadilla inspirada en la realidad.