Artículo por: por Revista Primera Piedra Nº 767 | Feb 26, 2018

“La desaparición del efectivo preocupa a Suecia” titula Leila Marchand un artículo en la revista francesa Les Echos. Este tema no es primera vez que se alude en Primera Piedra porque tiene implicaciones prácticas, culturales, policiales e incluso de la teoría económica.

Cada vez más a menudo en las tiendas como en restaurantes en Suecia se observa el cartel “No se acepta efectivo”. En Chile si bien no es tan generalizado ya hay casos –como Uber y similares – que prefieren ser pagados con tarjetas. Es raro que en los locales donde se ofrecen bienes o servicios orientados a grupos medios y/o altos no dispongan de medio de pago con tarjeta. Los jóvenes rara vez portan efectivo.

Esta acelerada desaparición del efectivo preocupa a las autoridades, incluso al Banco de Suecia, informa Bloomberg. Un informe sobre este problema indica que “si esta desaparición de liquidez ocurre demasiado rápido, podría ser difícil mantener una infraestructura de gestión”. Suecia podría convertirse alrededor de 2030 en el primer país del mundo en prescindir del efectivo según el economista Niklas Arvidsson del Royal Institute of Tecnología de Estocolmo.

Mientras que en 2010, el 40% de las compras en el comercio eran pagadas en efectivo, este porcentaje cayó al 15% en 2016. Los billetes y monedas de banco solo alcanzan entre el 2 y 3% del PIB (cayendo en 40% con respecto a 1990), en comparación con el 7% de Estados Unidos y casi el 10% en la zona del euro.

Los bancos argumentan razones de seguridad para justificar el cierre de las máquinas expendedoras de billetes y de casi la mitad de las sucursales bancarias del país.

De hecho, la propia banca presentó en 2012 la aplicación Swish, que permite transferir dinero en tiempo real desde una cuenta a otra y sin comisión. Estas tecnologías también están disponibles y en uso en Chile. Suecia ya cuenta con 6.2 millones de usuarios, más del 60% de los población, de acuerdo con The Guardian.

De hecho, actualmente 36% de los suecos ya no usa efectivo o solo algunas veces en el año. Los hábitos de los suecos han cambiado drásticamente en muy poco tiempo. De acuerdo con la encuesta anual de Insight Inteligencia, conocida el mes pasado y retransmitida por Bloomberg, solo una cuarta parte de ellos pagó compras en efectivo al menos una vez por semana en 2017, frente al 63% en 2013.

Esta muerte programada del efectivo no satisface a todos. Asociaciones, unidas bajo el lema “Kontantupproret”, (“rebelión a favor del líquido”) estima que los pagos electrónicos no son apropiados para ancianos, impedidos visuales, o inmigrantes recién llegados al país, indica el artículo de Marchand.

Mientras tanto, el Banco Central de Suecia ya está anticipando el final de la moneda física cuando ha creado ya en 2016 la “E-corona”. Esta moneda digital no tendría propósito de reemplazar la corona, sino “ser su complemento”, dijeron los voceros de la institución.

En Chile las tarjetas de crédito se han masificado y ganado protagonismo como medio de pago desde la década del 90’, pero es a partir del nuevo milenio que se configura como uno de los principales medio de pago. Es conocida la historia de las tarjetas en Chile. Carlos Massad, ex presidente del Banco Central explica como en Inficon se preparó este negocio en 1982. Massad cuenta en wordpress.com, que “Eugenio Mandiola, el ideólogo original, fue a México a estudiar el tema. Explica como nombraron Jefe del Proyecto a Sebastián Piñera, con quien deciden crear Bancard, en conjunto con varios bancos, e inician el negocio. Hasta aquí todo bien, pero cuando el Banco de Concepción decide vender su parte de Bancard, Inficon comisiona a su flamante Jefe de Proyecto para que compre dichas acciones para la empresa, pero Piñera opta por comprarlas para sí mismo. Con este acto se terminó Inficon, y, a la larga, Piñera logró hegemonía en el control del negocio de las tarjetas”. No cabe duda que el actual Presidente de Chile tuvo una gran visión económica aunque, quizás, menos disposición ética.

Probablemente hoy el negocio sea mucho más lucrativo. Pero otros argumentan que el fin del pago dinero efectivo hace, sin duda, perder privacidad a los consumidores. Ya no necesitarán las tiendas pedirle el RUT al cliente cuando se paga en efectivo, lo cual a muchos les fastidia por la invasión que eso significa, porque esa petición no ayuda a nada – salvo entrometerse en el consumo de los ciudadanos.

En un país como Chile en que las empresas han mostrado que evadir o infringir la ley en el ámbito de los negocios es infinitamente más barato que respetarla (Johnson, Penta, Soquimich) habría que pensar que el pago con tarjeta puede finalmente ser un arma de doble filo para el ciudadano común.

Fuente Análisis Semanal Revista Primera Piedra Nº767