Artículo por: Revista Primera Piedra Nº 828 | Abr 29, 2019 | Por Rafael Urriola. U.

La historia, hasta el fin de la Guerra Fría, dio como ganador al capitalismo. El socialismo se derrumbó y a 30 años las explicaciones a este pacífico desplome son casi inocuas. El proceso siguiente exacerbó la idea de que ya no había peligro en el horizonte. El mundo era global y el capital no tenía patria –si acaso alguna vez la tuvo- ni fronteras ni sentimientos.

Cero restricciones a la transnacionalización de las operaciones tanto productivas como financieras. La humanidad se vería favorecida con que la sagacidad empresarial se instalara donde era más rentable porque eso igual bajaría los precios de los productos finales a los consumidores. China, país con un bajo perfil político abrió sus fronteras a enclaves productivos de las más grandes empresas transnacionales del mundo occidental. Como se sabe, hoy todas las “grandes marcas” occidentales esconden en la letra chica el “made in China” que dejó de ser una medida de calidad inferior. China ofreció mano de obra disciplinada, ávida de trabajar y, sobre todo, mucho más barata que las de otras regiones baratas del mundo como América Latina.

Los negocios funcionaron y siguieron funcionando hasta que la República Popular China acumuló excedentes descomunales en dólares producto del ingresos de divisas y un desarrollo paralelo impresionante de actividades estatales (si pues, China tiene empresas públicas y planificación centralizada) que empezaron a producir tanto para el mercado interno (mal que mal 1.500 millones de individuos) como para exportar, con lo que empezaron a desplazar incluso a sus “mecenas” de los primeros tiempos.

Los analistas del Occidente desestimaron esta nueva competencia porque -se decía- el viejo centro hegemónico del capitalismo controla y lleva una enorme delantera tecnológica y siempre estos países emergentes (los BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, aunque ahora hay otros) dependerán de la ventaja tecnológica que se construye en Occidente. La sorpresa del siglo XXI es que en muchísimos campos de punta (industria militar, inteligencia artificial, robótica) los “hermanos menores” ya tienen sus propios programas, investigaciones, hallazgos y ofertas para el mercado mundial que incluso supera a los de sus viejos progenitores.

Los desarrollos militares de Rusia se conocieron indirecta y muy restringidamente a propósito del conflicto en Venezuela. Se dice, en círculos especializados que el apoyo de Rusia a la institucionalidad de ese país ayuda a evitar una solución armada al “conflicto venezolano”. China está desarrollando un programa genético que lleva la delantera a muchos países del mundo. Ya se está criticando que las investigaciones chinas superan los marcos éticos. Cabe estar atentos a este tema.

Así, China continuó acumulando excedentes porque las voraces empresas capitalistas con banderas y gerentes de países capitalistas indicaban a sus accionistas que para mantener las ganancias y ser competitivos con sus pares –también empresas capitalistas de connacionales- había que producir en China (bajos salarios, ninguna reivindicación gremial y sin regulación ambiental). El país oriental acumulaba crecientemente excedentes en dólares llegando a sumas estratosféricas dedicadas -con una planificación muy calculada- al desarrollo interno para evitar lo que en economía se llama “sobrecalentamiento”, es decir, inyectar tantos recursos que la economía no responde y en lugar de crear crecimiento crea “cuellos de botella” que estancan las proyecciones y solo generan inflación. Pero como China es una economía planificada dosificó convenientemente las inversiones y ese fenómeno no se produjo.

Cuando Estados Unidos se da cuenta que los excedentes en poder de China son tan grandes amenazó con trucos financieros que podían reducir el poder real de tales activos. China, si lo había previsto o lo estaba pensando da lo mismo, empezó una enorme campaña de inversiones a nivel mundial que tenía un doble efecto. De una parte, deshacerse de excedentes líquidos que tenían poca confianza (los dólares) y, de otra parte, consolidar el proyecto de desarrollo de China que ya hace mucho rato no depende las inversiones extranjeras sino de mantener una articulación de abastecimiento de materias primas (por ejemplo, eso explica el apoyo a Venezuela por su petróleo)-

Sin embargo, China sorprendió –una vez más- a los analistas occidentales porque, además, desarrolló una estrategia de conectividad que le permita reducir aún más los costos de sus productos puestos en el consumidor, invirtiendo en canales transoceánicos como en Nicaragua o en terminales de puertos que hay varias propuestas en Chile; o en carreteras concesionadas en otros países.

Esta semana apareció en Chile el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, que comentó que “el problema es que cuando China hace negocios en lugares como América Latina, a menudo inyecta capital corrosivo [negritas y cursivo nuestro] en el torrente sanguíneo económico, dando vida a la corrupción y erosionando el buen gobierno”.

Esta aseveración del secretario Pompeo provocó reacciones. El embajador de China en Chile, Xu Bu, dijo en una carta al Mercurio: “Debió centrar su visita en cómo EE.UU tiene previsto contribuir al desarrollo económico de la región de Asia y el Pacífico; cómo puede contribuir al proceso de integración regional (…) Sin embargo, no estaba preocupado para nada por estos temas, sino que se centró en atacar a otros países“.

Bu alertó que el comercio entre Chile y China, “sobrepasó los US$42,8 mil millones, mucho más que los US$24 mil millones entre Estados Unidos y Chile”.

Un tema que extraña al público pero no a los expertos en información ha sido el asunto de Huawei. Pompeo aseguró que esta empresa se encontraba “controlada por el gobierno de China” y que podía espiar a sus usuarios. China contraatacó “es de común conocimiento que Estados Unidos utiliza empresas de alta tecnología para espiar a otros países, amenazando la seguridad nacional de otros“. Para un simple analista queda claro que los ciudadanos comunes, podemos ser examinados, analizados y atacados por los unos como por los otros. Pero, es claro que el argumento de Pompeo más que alertar sobre “lo que hacen los demás” es una confesión de lo que se hace en Estados Unidos.

En cualquier caso, llevar el conflicto económico a un caso como de celular como Huawei es solo una cortina de humo porque hay muchos otros temas en juego como las tecnologías 5D que ya los chinos tienen muchos adelantos en este campo y de manera estratégica. ¿China le está ganado la batalla de la hegemonía, cierto en un marco capitalista, a Estados Unidos? ¿No será esta la preocupación de EE. UU.?

Fuente Análisis Semanal Revista Primera Piedra Nº 828

× Escribe a la Escuela de Formación Política