Foto: El Diario 24

El sentimiento de policías desbordados, militares disparando a gente sin razón concreta y el gobierno esperando iluminación quizás divina para tomar decisiones y sobre todo para aplacar el descontento de la revuelta social que ya empieza a cobrar muertos de manera exponencial. Este gobierno de Sebastián Piñera ya pasó a la historia y se recordará por los acontecimientos de octubre 2019 junto a revueltas que marcaron a otros presidentes incluso por alzas de pajes o asesinatos a gente que vienen desde las salitreras al menos en la historia reciente.

Los muertos por la policía y las Fuerzas Armadas quedarán -sobre todo en Chile- en las cuentas por cobrar. No se pudo hacer pagar a todos los militares, pero hubo algunos que aún están en la cárcel y probablemente esperando que sus colegas de armas tomen mayor poder hoy para salir en gloria y majestad de las prisiones.

El balance ya no tiene vuelta para Sebastián Piñera. Hasta hace poco sonreía con la posibilidad de ser presidente una tercera vez. Ahora tendrá más bien que evaluar si no será en algún momento juzgado por el notable abandono de deberes y por su responsabilidad en las muertes y cientos de heridos que están en hospitales en este momento.

La indolencia de esta coyuntura lleva ya 10 días. El gobierno, los asesores, la derecha, los partidos de esa derecha, la mayoría de los empresarios más bien despreciaron la última opinión que expresaron estudiantes primero, por una pequeña alza del pasaje, decían. Tanto que las respuestas burlescas y despreciativas de las máximas autoridades ayudaron a la reacción popular. Nadie previó que hasta los vasos más grandes son rebalsados por alguna gota y que los diques mas monumentales pueden romperse a partir de un pequeño forado que hace salir todo el torrente hasta antes pacíficamente acumulado. Nadie creyó que los constantes abusos que ya muchos han enumerado pacientemente en estos días crearon un BASTA incluso entre quienes, por jóvenes, los sufren solo hace pocos años, pero ven en su entorno lo que cuesta vivir y la asimetría descomunal en el ejercicio de la justicia.

Existe la convicción profunda y certera de que los poderosos de las elites (sean estos empresarios, curas, militares, carabineros o políticos) hagan lo que hagan, saldrán libres sin más; en cambio, los demás pagan con “todo el peso de la ley” como acostumbran decir quienes están exentos de este pago.

No cabe duda que esa marginación social que se reconoce en las comunas vulnerables (vulnerables ante lo que ofrecen los delincuentes profesionales) genera entre los jóvenes desidia, alejamiento, indiferencia, pero sobre todo la convicción que “nadie hará nada por mí”. Estos jóvenes no son malos como dice una profesora de La Pintana, pero están fuera de esta sociedad que no solo no ha hecho nada para integrarlos, sino ha hecho todo para estigmatizarlos y dejarlos a su suerte. Es probable que este segmento que es culpa de toda la sociedad chilena, encuentre entretenido desfogarse sembrando el caos y saqueando supermercados pero debemos recordar que esa actitud -y decisión- la tienen también cuando se envalentonan en las barras bravas o en las discos.

La policía lo sabe. El gobierno lo sabe. Lo que no está en el libreto es que estas personas aparecen ahora entrometidas o camufladas detrás de cientos de miles de estudiantes, trabajadores o sus

propios vecinos porque no todos son iguales en las comunas, ni en los barrios ni en las manzanas de los barrios. Para un gobierno de clase, mejor dicho, de la clase empresarial, estos que reclaman son igualmente peligrosos porque también atacan sus intereses pidiendo menos abusos y mejor distribución de la torta. Peor aún, a la protesta de octubre se sumó toda la clase media la que también se siente parte de los “ninguneados”. Somos nosotros, dice la clase media, los que pagamos impuestos que nos los descuentan directamente de nuestros salarios; los que pagamos el metro; los que pagamos isapres y AFP de manera permanente; los que no estamos colgados del cable de la luz; los que pagamos aranceles descomunales para sostener el futuro de nuestros hijos. En efecto, el sistema no explota preferentemente a indigentes ni trabajadores por cuenta propia. Son los trabajadores dependientes, la clase media, las principales víctimas de los abusos. El endeudamiento que genera el sistema ya es un doble abuso porque las tasas de interés de la morosidad son asimismo exorbitantes.

¿No quiso reaccionar Sebastián Piñera o solo escuchó a los más recalcitrantes defensores del libre mercado neoliberal? Estos como siempre escudados en una entelequia tecnocrática informaron que el alza del precio del metro era decidida por un panel de expertos (como el de la electricidad, los peajes, el gas, los planes de las isapres, la edad del cálculo de sobrevivencia en 110 años de las personas para las AFP, etc. etc.). Detrás de eso nadie puede decir más nada. La ciencia dio su veredicto. Al igual que en el “pepito paga doble” el rey jamás está en el lado de la gente. Las ganancias de las empresas, muchas veces aseguradas por el Estado, no entran en línea de cuenta. Así es el mercado, han dicho neoliberales furibundos como el presidente de las Isapres y el presidente de las AFP que, tanto exageraron en contra de los usuarios. que fueron destituidos por sus pares.

¿Por qué el gobierno espera tanto para tomar decisiones? En realidad, el gobierno ha tomado decisiones, pero profundamente equivocadas. Primero, suponiendo que era una manifestación marginal; segundo, suponiendo que era un asunto estudiantil; tercero, suponiendo que era un asunto de vándalos; cuarto, suponiendo que era una conspiración internacional (una invasión extranjera, dijo la primera dama); quinto, suponiendo que bastaba con bajar los pasajes cuando era demasiado tarde y profundamente insuficiente (aunque necesario); sexto, declarando que estaba en guerra y presentándose como en la tristemente célebre foto de Pinochet rodeado de militares para decretar estado de emergencia y toque de queda; séptimo, suponiendo que con llamar al presidente del congreso y de la Corte Suprema la gente iba a tomar partido en su favor; octavo, llamando a los partidos a dialogar pero con exclusiones y vetos. Resultado: un fracaso sin conclusiones ni propuestas ni apoyos ni nada. ¿Se le ocurrirán alternativas de fondo en las horas venideras o aumentará los errores?

A las 21,45 horas Sebastián Piñera anunció varias medidas que son bienvenidas: aumento de 20% de las pensiones solidarias; aumento de ingresos de los trabajadores hasta 350.000 pesos (nadie sabe si esto es un bono por una vez o una situación permanente y esto puede ser una “carnada” política para salir de la crisis porque de ser permanente sería muy caro) ; un arreglo para los medicamentos aunque en colusión con las cadenas de farmacias; seguro catastrófico de salud lo que ya existe; reducción de la dieta parlamentaria lo que había sido planteado por el Frente Amplio hace tiempo y que la presidenta de la UDI condicionó a reducir los sueldos de todos los funcionarios públicos; planteó también una reducción de los parlamentarios lo que puede ser una oscura maniobra para volver al binominal (no es lo mismo reducir el número de parlamentarios que reducir

los sueldos de los actuales). Queda en manos de las organizaciones que llaman al paro nacional por 48 horas este miércoles y jueves si están de acuerdo con estas propuestas. Asamblea Constituyente, propiedad de servicios básicos, revisión del mecanismo general de tarifas isapres y AFP son temas que no aparecieron en el discurso y que puede que mañana aparezcan en las calles.

¿Todo terminará acá? Por cierto, que no. No obstante, Sebastián Piñera ya pasó a la historia con sus prepotencias, arrogancias e ineptitudes para enfrentar una crisis, si bien enorme, él creía que podía resolverlo como todos sus éxitos en la vida. Ganó dinero y mucho, no siempre con total transparencia. Logró ganar elecciones difíciles. Logró controlar un partido que no lo quería (RN). Pero quedará también en su historia personal los asesinatos de octubre de 2019 que ocurrieron por su culpa, con su consentimiento y por su ineptitud. Por ahora, eso es seguro.

Fuente Análisis Semanal Revista Primera Piedra Nº854

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