Desde el interior del Movimiento Alianza PAIS, Miguel Carvajal, director de la escuela de Formación Política “Leónidas Proaño”, conversó sobre el nuevo período que vive la organización y cuáles son los desafíos en el nuevo contexto. Habla con la experiencia política de quien militó siempre a favor de la democracia, la soberanía y el bienestar común. Su debate gira en torno al progresismo y al futuro de la izquierda. Considera que el diálogo que el Gobierno lleva a cabo es la única forma de retomar la participación de todos los sectores que realmente apuestan por el país.

En 2017, Alianza PAIS vivió una ruptura ¿Qué implicó esta división para el interior del Movimiento y la militancia?

Este último año ha sido peculiar y muy difícil en la vida política de Alianza PAIS. Tuvimos una ruptura con el expresidente Rafael Correa y situaciones complejas, como los procesos judiciales contra el exvicepresidente. Lo importante es definir por qué las rupturas.

Siempre creímos en un proceso de participación amplia de la ciudadanía. Esos derechos se restringieron paulatinamente con el ejercicio de Gobierno. Creímos en procesos de debate y diálogo político con respeto a las diferencias. Sin embargo, el diálogo se sustituyó por la permanente confrontación. Recuperamos el diálogo como un espacio político necesario para Ecuador.

Las discrepancias no pueden ser sustituidas ni por pensamientos únicos, ni por posiciones que se reclaman hegemónicas. Este año hicimos un esfuerzo por recuperar el respeto por las diferencias. El diálogo político no significa que todos debemos estar de acuerdo, sino que debemos rescatar las relaciones con algunas estructuras organizativas fundamentales de la sociedad ecuatoriana: sectores empresariales (grandes y pequeños), pero sobre todo sectores sindicales, con los que se rompieron relaciones, al menos en los últimos 7 años. Es impensable un proyecto democrático en países como el nuestro, peleado no solamente con empresarios, sino también con sindicatos y organizaciones indígenas.

Hay quien considera que la crítica es fundamental para un partido de izquierda, pero también la autocrítica es importante. Hay quien cree que la crítica es buena, pero no soportan la autocrítica.

Se nos acusa de deslealtad y traición. La pregunta es: ¿deslealtad y traición a qué o a quién? Este no es un esquema político caudillista. Por lo tanto, cuando se habla de deslealtad y traición hay que ver si es a los criterios de soberanía, de lucha contra la pobreza, contra la exclusión, por la producción y contra la especulación. En ninguno de esos aspectos cedimos ni vamos a ceder.

¿Entonces hablamos de un Movimiento que se acerca más a un liderazgo colectivo y no a un liderazgo único?

Siempre Alianza PAIS planteó un liderazgo colectivo. Sin embargo, las circunstancias históricas pueden hacer que los fuertes liderazgos se desvíen a procesos de índole caudillista. Creo que nuestra organización debe estar alejada de esas prácticas. Ese es un reto, es una situación que se definirá con el devenir del tiempo.

¿Cuál es la situación actual del Movimiento y hacia dónde se dirige?

Alianza PAIS ha sido una organización política con una responsabilidad e incidencia importantes en los últimos años en la transformación del país, pero también ha sido corresponsable de los errores. Su camino ahora es transitar por la vía del fortalecimiento de las acciones positivas que se realizaron, como la recuperación de la identidad, el desarrollo de la infraestructura.

Al mismo tiempo tiene que ser lo suficientemente autocrítica como para reconocer los errores que también se cometieron, como la construcción de aeropuertos que no sirven para el desarrollo regional y nacional, o la construcción de escuelas del milenio, que en su concepción son muy progresistas, pero que, por ejemplo, al no resolver temas de transporte generan un efecto negativo porque hay niños que tienen que caminar 3 horas diarias. Estos son temas que hay que corregir sobre la marcha.

Nuestro objetivo no es tener un logo, un nombre y un reconocimiento legal para satisfacer las aspiraciones personales de aquellos que quieren ser alcaldes, prefectos o concejales. Tenemos cuadros que deben ocupar cargos que aporten al desarrollo de propuestas democráticas, de desarrollo económico o de buen manejo ambiental.

En estos momentos, el Movimiento lleva a cabo un proceso de renovación. ¿Cómo será el trabajo de formación política en este nuevo período?

Tuvimos un proceso complejo luego de la ruptura en el que varios compañeros y dirigentes abandonaron Alianza PAIS. Estamos en un proceso de reconstitución del Movimiento. Pasamos algunos meses en las elecciones de las direcciones provinciales, con criterios nuevos, con amplitud a los adherentes que están dentro de la organización. Creo que eso ha sido muy positivo.

Vamos a enfrentar una Convención Nacional a finales de este mes. Todos esperamos que sea también un espacio de aportes sobre los ajustes que deben hacerse, especialmente a nivel organizativo, en la estructura orgánica y a nivel político del Movimiento.

¿Puede ser el Movimiento Alianza PAIS crítico ante acciones que haga el Gobierno?

El Presidente del Movimiento, que a su vez es el Presidente de la República, siempre ha dicho que la crítica es necesaria. No puede haber un Gobierno de diálogo que no soporte sus críticas. No puede haber un Gobierno de transformaciones que no esté abierto a la autocrítica, a la revisión y mejoramiento permanentes. Creo que vivimos en un espacio donde estos aspectos son positivos y potencialmente podrían ayudar mucho al mejoramiento de la democracia ecuatoriana.

En momentos donde en Latinoamérica se habla de varias corrientes de izquierda o del fin de las ideologías, ¿cuál sería entonces la posición de Alianza PAIS?

Nos definimos como una organización política de izquierda, de una izquierda moderna, que no cree en el estatismo, pero sí en el desarrollo de la producción de la iniciativa privada, aunque con regulaciones estatales; una izquierda que no cree en el partido único, que considera que existen diversas formas de pensar, de organizarse. Por lo tanto, somos un movimiento que cree en la diversidad y tolerancia. Lamentablemente, en la práctica no siempre fuimos así.

Consideramos que es importante fortalecer las tendencias progresistas de América Latina y Ecuador. Por eso, Alianza PAIS siempre, sobre todo en sus momentos iniciales, planteó las alianzas con sectores progresistas, que no están precisamente en el progresismo del centro izquierda o de izquierda, pero que apuestan por el país y hay que tener diálogos.

No somos la izquierda del siglo XIX, ni del siglo XX, y tampoco nos definimos dentro del Socialismo del Siglo XXI. Por eso, inclusive, planteamos la variante del Socialismo del Buen Vivir, por las particularidades de nuestro país.

Es un momento donde hay que definir qué es ser progresista y qué es ser de izquierda. Ser progresista y de izquierda representa estar a favor de la construcción democrática, de la tolerancia, estar distante de toda forma de autoritarismo, de toda forma de persecución a aquellos que piensan distinto; significa luchar por una sociedad más equitativa, justa, solidaria, por un proyecto político que pueda brindar condiciones para que los tradicionalmente marginados puedan ser incluidos. Por eso hablamos de un Estado incluyente, y eso incorpora el diálogo con todas las fuerzas políticas.