Luis I. Sandoval

Tomado de El Espectador

Con amplia ventaja fue elegido presidente de México Andrés Manuel López Obrador (AMLO), y con una votación también muy alta fue elegida alcaldesa de Ciudad de México Claudia Sheinbaum, científica especialista en medio ambiente. Ambos pertenecientes al joven partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) de centro izquierda.

López Obrador, primer Presidente de izquierda, y Sheinbaum, primera mujer Alcaldesa en Ciudad de México, significan un giro político de mayor calado que aquel que se produjo en el año 2000 con la elección de Vicente Fox del PAN (Partido de Acción Nacional), para interrumpir 70 años de dominio del Partido Revolucionario Institucional (PRI). El triunfo de Morena muestra que no es tan cierta la tesis de que estamos en un tiempo de las derechas en todo el mundo.

La elección del curtido líder Andrés Manuel López Obrador (AMLO) constituye una esperanza de nuevos y mejores rumbos no solo para México, sino también para toda América Latina. El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) es un partido con tan solo cuatro años de vida que aglutina personas de izquierda, centro y derecha moderada que se identifican en combatir los grandes males que afectan hoy a 125 millones de mexicanos: corrupción, violencia, pobreza y la agresividad contra ellos del presidente norteamericano Donald Trump.

Esta es la tercera candidatura presidencial de AMLO, en la cual, además de Morena, le acompañaron en la coalición Juntos Haremos Historia, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES), así como muchos sectores y personalidades independientes, incluidos importantes empresarios de la economía productiva. Obrador siempre ha procurado tener entendimientos con diferentes corrientes y presentarse a nombre de grandes conjuntos plurales que forman coalición, lo cual ha sido una vía de acceso al poder para la mayor parte de las izquierdas y progresismos latinoamericanos.

Igualmente es notable en su caso la vía de escala consistente en ganar y gobernar primero en ciudades principales, normalmente la capital, y luego buscar la Presidencia de la República. Así ocurrió con el PT en Brasil y con el Frente Amplio en Uruguay.

No todos los movimientos que suscitan el interés de las mayorías populares pueden clasificarse como populismos nocivos para la democracia. Hay procesos de amplia participación popular que, precisamente, cumplen el papel de revitalizar los regímenes democráticos ampliando su base social e inclinando la acción de los poderes públicos hacia la solución de problemas ante los cuales han sido insensibles o solo han tratado con paliativos las élites tradicionales que se aferran al poder. Por eso la elección de López Obrador se constituye en una esperanza para México y sus vecinos en el continente latinoamericano.

Afronta AMLO enormes retos a los cuales plantea responder, por ejemplo, con reformas en favor de la juventud para sustraerla de la cultura mafiosa que campea en el país de la mano del narcotráfico. Debe contener la violencia delincuencial que cobró la vida de más de 130 candidatos en este proceso electoral. Necesita plantar cara, con firme y sereno sentido de soberanía, al vecino del norte que no respeta la dignidad de un pueblo esforzado y noble como lo es el mexicano.

La suerte que corran el presidente López Obrador y la alcaldesa Sheinbaum Pardo en el país azteca será un referente que abra o cierre puertas frente a futuras aspiraciones de izquierda y progresistas en otros países del continente.